Los vinos
del Ribeiro nacen del
viñedo, del terruño y de la
mezcla de variedades únicas,
autóctonas, que se han adaptado
a lo largo de los siglos a las
características de la
Denominación de Origen para
dar lo mejor de si mismas. Los
vinos del Ribeiro
modelaron primero el paisaje y
las vidas de las gentes que los
cuidan.
El Ribeiro, para ser lo
que es pidió trabajo, dedicación
y desvelos. Ahora el Ribeiro
sale al encuentro de las gentes
para ofrecer su propia alegría,
su aromática transparencia y sus
reflejos verdes y violáceos.
Para ofrecer sobre todo, el
sabor intenso de una tierra que
ama lo que es y lo que hace.
De los vinos del Ribeiro,
hay que destacar la diversidad
que se genera en esta
Denominación potenciada por los
numerosos pagos, bodegas y
variedades, así como por la
experiencia y el buen hacer
intrínseco de una comarca que
vive para y por la viticultura
desde la invasión romana.
Esperados siempre con la
expectación inherente a una
reconocida fama ya legendaria,
los buenos vinos del Ribeiro son
fruto de las sabias
combinaciones de sus uvas
autóctonas, endémicas y
poseedoras de una acusada
personalidad que los hace
únicos, peculiares. Estas
características mencionadas del
Ribeiro hacen que sobresalga en
el actual mercado vinícola,
donde predominan vinos
extremadamente homogéneos,
monótonos y de poca
personalidad. |